Enorme Jumper invita a cuestionar la estandarización de la educación en Espacio San Isidro

Con entrada liberada, Jumper permanecerá en exhibición en hasta el sábado 28 de julio. Además, se realizará un conversatorio con la artista el lunes 11 de junio, a las 12:00 horas en el Auditorio San Isidro, Escuela de Educación Artística de la UCSH.

La uniformización, homogeneidad y pertenencia institucional, como intenciones relacionadas a la Educación, son exactamente los conceptos que quiere destacar la artista chilena Ximena Zomosa con su exposición Jumper que se inaugurada el miércoles 16 de mayo en Espacio San Isidro ESI de la Escuela de Educación Artística de la Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH).

La obra, una ampliación del uniforme escolar con su carácter austero y oscuro, tiene el sentido de dar visibilidad a esta estandarización de la Educación, la que regularmente resulta insuficiente como campo de desarrollo de las capacidades reflexivas y creativas de sus destinatarias. Con su propuesta, Zomosa invita a que este uniforme escolar femenino, que se convirtió en una vestimenta emblema de la Revolución Pingüina de 2006, apunte finalmente al traspaso de saberes que permitan la formación de una identidad que se constituya más allá de los posibles estereotipos que el propio jumper resume.

En el contexto de la Semana de Educación Artística, Zomosa accedió a que el Jumper también se transformara en una performance artística siendo trasladando el Jumper por las calles que conectan la Sede de San Isidro con la Casa Central de nuestra Universidad. Para conocer más de la propuesta de la artista, compartió su mirada sobre el desarrollo de su obra que ya tiene más de 10 años:

¿Cómo crees que se ha resignificado tu obra desde su creación?

El 2005 fue la primera vez que la mostré, yo hice este trabajo con una beca Fundación Andes, que me permitió dedicarme al proceso de creación, de confección, junto a una modista que hasta el día de hoy es una aliada en términos de la producción de varios trabajos; y la verdad es que el significado cambió profundamente. En ese momento todavía no se habían producido las movilizaciones estudiantiles, con todo lo que ocurrió el 2006, por lo tanto fue un trabajo que tenía un sustento muy distinto y una significación diferente del uniforme escolar.

Siempre uno escuchó, como broma a lo mejor, esta connotación erótica o de fantasía masculina frente al Jumper y es por eso que hay uno de los cuatro originales que es de tela semitransparente que tenía ese sentido, y otros con otra connotación. Y posteriormente el 2006, el jumper se transformó en un símbolo de una concientización política y social importante de la juventud y los estudiantes secundarios se transformaron en un ícono, no solo en Chile, sino que fueron un referente internacional frente a las demandas y la justicia que había que hacer en la educación chilena. Entonces fue muy interesante que el trabajo se pudiera cargar nuevamente de sentido.

Y ahora, acá en la Universidad Católica Silva Henríquez, se volvió a tomar esa energía al transformar el Jumper en un ícono que fue trasladado por los estudiantes uniendo dos sedes de la universidad de manera simbólica y en la Semana de la Educación Artística. Me interesó mucho que se abriera una posibilidad a la relación con los futuros profesores, actuales estudiantes universitarios y ex-estudiantes secundarios.

¿Qué trasfondo tiene exponer el Jumper justamente en un espacio universitario?

Tiene todo el sentido de seguir cuestionándose el porqué, por ejemplo, siguen usándose estos códigos, donde particularmente la Educación Artística está destinada a romper estos moldes al trabajar precisamente con otros lugares de la vida y de la potencialidad humana, que es la creatividad, la conexión con las emociones, con el inconsciente, con la misma historia del arte, con la historia de nuestro patrimonio cultural; todo eso que queda siempre en el olvido frente a las normas de las mediciones de competencias y no están finalmente esas otras competencias que son fundamentales en la calidad de vida y en el desarrollo del ser humano.

Esto de exhibirlo en este contexto, la actividad en esta semana, y que una invitación a activar la obra para sacarla de la galería haya tenido tan buena acogida y haya resonado en un sentido para los estudiantes, que ellos hayan visto en eso una posibilidad de expresar un sentimiento y un estado de las cosas. Me parece fantástico que mi trabajo los represente y efectivamente se pueda transformar en una activación nueva desde las artes en el campo de las performance y que se involucren en un aprendizaje también, que es la experiencia de participar en una acción colaborativa.

¿Cuál crees que será el futuro del jumper o del símbolo que representa no tan solo en tu obra?

Parece que el jumper va a ser una bandera quizás hasta que ya no exista. Es curioso porque de alguna forma uno le tiene como cariño, por historias propias… Tiene una pertenencia como en nuestro inconsciente colectivo, probablemente en unos 10 años se va a dejar de usar y ya no exista, pero sí va a representar un fenómeno que ocurrió en toda una modernización del Estado frente a la Educación Pública. Y después, también se va a transformar en un ícono para todas las demandas, primero, para la educación en general y, luego, de los roles y el posicionamiento de la dignidad de las estudiantes del país.

¿Qué te gustaría que los estudiantes de la Escuela de Educación Artística hayan sacado de esta experiencia artística que compartieron? ¿Algún mensaje?

En general, hay una deuda gigante con la Educación Artística que es un campo amplio de la formación y del desarrollo de la experiencia humana, que está mirado como algo accesorio, siendo que es algo que ayuda en todas las dimensiones del conocimiento. La experiencia artística abre percepciones, mundos, sensibilidades, capacidades, entonces lo que estamos haciendo es una educación coja, que le falta algo. Y bueno los chicos y chicas que estudian acá son quienes tienen que trabajar para que eso se revierta. Ojalá que con la experiencia que compartimos se hayan empoderado y saquen más argumentos y también desde la práctica, para cuando ejerzan, que estas experiencias a las que están ellos abiertos, sigan así.

Que no se clausuren cuando entren al campo más profesional y lidien con las instituciones, sino que sean un agente de cambio dentro de las instituciones y sean cómplices de proyectos artísticos que rompen un poco los esquemas. Todo enfocado a la calidad de vida, creo que ahí hay un aporte del arte que es fundamental frente a una sociedad consumista, cosista, deshumanizada, donde la televisión es como el parámetro del conocimiento, tiene que haber una contraparte, algo que esté navegando en otra dirección, porque si no, es un vacío muy grande.