¿Y Bob Dylan? ¿Clásico de la literatura?

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Ni siquiera el año pasado cuando el Premio Nobel de Literatura reconoció el trabajo de una periodista; ni en 1950, cuando el jurado se inclinó por un filósofo; ni tampoco en 1953, año en que recayó en un político, el premio mayor de las letras despertó tanto debate como durante la semana reciente en que se informó el veredicto a favor del cantante norteamericano Bob Dylan. No bastó con el apadrinamiento de connotados escritores desde Ginsberg (cuando estaba vivo) hasta Nicanor Parra (más vivo que nunca) como respaldo suficiente para la causa.

Al parecer, resulta bastante extraño para parte importante de los especialistas y el público en general que no se premie a un autor(a) de “literatura de libros”, sino a una forma especial de escritura. Se cuestiona que la música y sus letras, almacenadas en discos, sean reconocidas abiertamente como parte de la poesía; se cuestiona el premio apelando a la posición política y hasta religioso-étnica del cantautor. No obstante, resulta una obviedad reparar en las variables que inciden en el premio, como la distribución por continente, la identidad de género, la militancia en alguna causa políticamente correcta o las circunstancias particulares de cada época, por ejemplo: Mistral premiada como ganadora nacida en un subcontinente casi neutral después de la segunda guerra mundial, Neruda como vate oficial de los países del eje socialista; Borges, sin su Nobel, como enemigo público del eje anterior.

Como propuesta, considero que, dejando a un lado el lobby que permite ganar todo reconocimiento público nacional e internacional, es posible rastrear méritos literarios si nos encontramos cara a cara con la obra de los autores. Como ejercicio de lectura, vamos a comentar algunos elementos propios del arte verbal que se pueden encontrar en las letras del cantante.

Este nuevo Nobel, sin dudas, hace parte de una movida acorde a los tiempos que corren realizada por la academia ya que se optó por un autor universalmente conocido, al menos de oídas, algo que no ocurre muy a menudo con este galardón. Y es que la música y la poesía de Dylan están íntimamente ligadas a las expresiones de la cultura popular en todo el mundo, hasta en la eucaristía católica y el culto en los templos cristianos se sigue cantando una versión de Blowing in the Wind (1963) que dice: “Sabemos que vendrás / sabremos que estarás / partiendo a los pobres tu pan”, con lo que tal como señala un usuario de Youtube: “Bob Dylan debe estar muy orgulloso, su canción se toca en todos los templos latinos cada domingo”. Se premió, en definitiva, a una tradición popular, en el sentido pop de la palabra, que cambió la forma de pensar y componer canciones en los años 60, donde el folk se puso rockero y el rock se puso serio al comenzar a discutir temas nuevos en las canciones: las drogas, la religión y la política, y utilizar procedimientos artísticos extraídos del lenguaje surrealista, dadaísta y del cubismo. Una posibilidad cierta es leer la obra de Bob Dylan como clásico contemporáneo, donde lo nuevo y lo antiguo del arte se sintetiza, ya que su poesía además de poseer música, rimas, giros idiomáticos, jerga de la calle, juegos semánticos y neologismos, reúne múltiples referencias a la cultura occidental clásica y popular de todos los ámbitos y épocas.

Uno de los primeros elementos que destaca en la poesía-canción del autor es su constante visita a la Biblia como fuente de referencias. Tal fascinación lo llevó a afirmar, en cierta oportunidad, que si tuviera que elegir nuevamente optaría por el camino de la teología. Ya en su canción Blowind in the Wind, junto a los versos de protesta, muchos han querido ver una mención al momento en que los apóstoles reciben al Espíritu Santo. Más allá de la mera cita, Dylan ha buscado resignificar poéticamente varios pasajes y temas bíblicos, por ejemplo, el servicio a Dios: “Así que nosotros, que hemos recibido un reino inconmovible, debemos ser agradecidos y, con esa misma gratitud, servir a Dios y agradarle con temor y reverencia” (Hebreos 12:28), concepto que el cantautor tomó para situarlo junto a la más descarnada visión de la vida profana en su rock-gospel “Gotta Serve Somebody” (1979): “Puedes ser un adicto al rock and roll pavoneándote en el escenario / puedes tener drogas a tu disposición, mujeres en una jaula, / puedes ser un hombre de negocios o algún ladrón connotado, / puede que te llamen doctor, o puede que te llamen jefe… / Puede que seas un sacerdote con tu orgullo espiritual / puedes ser un concejal recibiendo sobornos por el  costado… / Pero vas a tener que servir a alguien, de verdad que sí, / vas a tener que servir a alguien, / bueno, puede ser el diablo, o puede ser el Señor, / pero vas a tener que servir a alguien”. En esta reescritura, el servicio a Dios ha devenido en la entrega del ser humano a las divinidades del mundo moderno: asuntos importantes varios, negocios y miserias éticas no muy santas.

Con este Nobel a Bob Dylan se premian también tradiciones poéticas de distintas latitudes como reconocimiento, un poco atrasado, a la poética de la música popular del siglo XX, que acumula tremendos letristas, verdaderos héroes de la canción (los más evidentes son los creadores del blues y el country, la raíz musical del cantante). Un ejemplo para compartir son los versos de la canción Queen Jane Approximately (1965): “Ahora cuando todos los bandidos / por los que has puesto la otra mejilla / rinden sus pañuelos y se quejan / y quieres a alguien con quien no tengas que hablar/ ¿No vendrás a verme, Reina Jane?”; estos versos que nos recuerdan a otras canciones que alguna vez escuchamos hacen parte de “otra” versión del tango Mano a Mano de Gardel, Razzano y Flores: “ Y mañana cuando seas descolado mueble viejo / y no tengas esperanzas en el pobre corazón / si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo / acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo / p’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión”. En ambos poemas aparece el tópico de la compasión como versión más definitiva del amor después del fracaso, y el consejo con palabras o con silencio como forma de comunicación plena en la desesperanza. La música puede ir con acordes de tango o de blues, pero para la poesía las diferencias entre el norte y el sur no resultan relevantes.

El tono religioso del Dylan juvenil persiste en sus canciones más recientes con marcado énfasis apocalíptico. En The Levee’s Gonna Break (El dique se va a romper), una canción que circuló en los medios meses después del desastre del huracán Katrina del año 2005, se advierte: “Si sigue lloviendo, el dique se va a romper / si sigue lloviendo, el dique se va a romper / todo el mundo anda diciendo que este día solo puede ser obra del Señor /… Algunas personas en la carretera van acarreando todo lo que tienen / algunas personas apenas tienen piel suficiente para cubrir sus huesos”.  Quien habla en estos versos es uno de los encargados de mantener el dique del río mientras cae el diluvio universal de fin de mundo. En esta y otras canciones del disco Modern Times (2006) destacan varias citas e hipogramas extraídos de la elegía Las tristezas del poeta romano Ovidio, donde se lee: “Créanme, desfallezco y sospecho que será corto el plazo de mis sufrimientos/ las fuerzas me abandonan, mi color se ha demudado / y apenas la débil piel recubre mis huesos”. Ambos poetas representan la experiencia del desastre, escatológico-natural y personal, utilizando la hipérbole de la piel recogida que conforma el último recodo que separa a la vida y de una muerte inminente.

El Nobel para Bob Dylan más allá del debate ocasionado por la naturaleza y filiación del premio y el premiado, es un reconocimiento a la persistencia de lo clásico en lo popular (el poema como música) y al carácter clásico de las mejores letras de la música popular (que pueden ser leídas como gran literatura). Recordemos que la literatura occidental y la de los pueblos originarios tuvo sus primeras obras cumbres en la literatura de raíz oral donde la poesía aglutinó a todas las manifestaciones creativas del lenguaje bajo el influjo de la música.

El Premio Nobel, al alejarse de la literatura de libros, ha caído en desgracia dirán muchos; con este premio se ha reparado, en cierta medida, la deuda de la literatura de narradores y libros impresos con la poesía y la música, diremos otros. Dylan, Nobel de Literatura, no significa una entrada al fértil terreno de las incertidumbres posmodernas y una resignificación de lo “literario”, se advierte, en cambio, el retorno a la valoración de la creación verbal a través de esta celebración de la tradición poética más antigua, la poesía lírica, que ha vivido desde tiempos remotos en los acordes y letras de la música popular.

Anexo:

Bob Dylan – Gotta Serve Somebody

 

Richard Astudillo Olivares

Académico – Escuela de Pedagogía Básica

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