Marina Alvarado - UCSH

Académica de Castellano lidera FONDECYT sobre el desconocido origen del magazín en Chile

El proyecto FONDECYT “Almanaques seculares chilenos (1850-1930): el origen desconocido del magazín en Chile” tiene como objetivo problematizar el surgimiento de los y las intelectuales chilenos desde mediados de siglo XIX.

La investigadora de la Escuela de Educación en Castellano, Dr. Marina Alvarado, tiene el propósito de indagar y demostrar que la práctica lectora del magazín en Chile, con publicaciones como Zigzag, no fue una cuestión novedosa para la época, porque en realidad ya existían antecedentes de este tipo de prácticas en los almanaques del siglo XIX. Esta fue la propuesta que presentó para adjudicarse el proyecto FONDECYT N°1170993 “Almanaques seculares chilenos (1850-1930): el origen desconocido del magazín en Chile”.

Los almanaques son un tipo de periódico que tenía una periodicidad anual y que originalmente comenzaron siendo tipos de textos vinculados a la Iglesia, donde siempre se privilegiaba información de santorales y fiestas religiosas, según explica la académica Alvarado. “Pero a mediados del siglo XIX este tipo de texto, puntualmente en Chile, se comienza a secularizar. Entonces el almanaque, utilizando siempre el mismo nombre, comienza a variar y no va a ser el texto que se dedique exclusivamente a dar información de tipo eclesiástica, sino que va a dar información gubernamental, información literaria, sobre las mejores épocas para la siembra, para la cosecha, las estaciones, etc. Y, lo que es más interesante —y es un detalle no menos gracioso—, es que empieza a aparecer el horóscopo. Es decir, de haber sido un formato súper religioso, ahora comienza a ser un formato pagano”, agrega la investigadora.

Los almanaques pasan así a demostrar también esta laicización del Estado, por un lado, pero también que existe otro interés por parte del lector, proponiendo un tipo de escritura y de lectura entretenida e instructiva, “cuestión que ya era novedosa respecto a las demás publicaciones de la época”, sostiene Marina Alvarado.

Otro de los puntos interesantes del proyecto de investigación de la académica de Educación en Castellano, es que a fines del 1800 también se empieza a activar el mercado editorial y también el campo literario. “Esto es porque quienes producían almanaques eran a su vez duelos de imprentas y librerías, como Carlos Segundo Lathrop o José Abelardo Núñez, ellos tenían además todo un engranaje donde distribuían, vendían y en sus propias imprentas materializaban los textos”, destaca.

Asimismo, la investigadora Alvarado ya había indagado otra arista del proyecto en un artículo que escribió para la Revista Iberoamericana de la Universidad de Pittsburgh, que tiene relación con la incorporación de material extranjero en la prensa chilena, “y ahí es donde yo hago el vínculo y el cliqueo con el magazín, no solo por esta vulgarización del conocimiento o por el interés de ampliar las necesidades del progreso, sino porque también aquí ellos empiezan a importar imágenes sobre los magazines franceses (…) No podríamos hablar de plagio porque es una palabra que tiene que ver más con un acto punitivo. Acá no, había copia y que era muy típico del siglo XIX, agarrar textos de otras partes e incorporarlo”, enfatiza la académica.

Distintas características de los almanaques como el discurso publicitario performativamente más decidor, también forman parte del proyecto de investigación que apunta a que la instalación temprana de una lectura magazinesca en Chile. “Por ende cuando llega Zig Zag a instalarse en 1905, ellos lo plantean como que fue una gran novedad, pero en realidad ellos se fijaron que había un terreno fértil y tenía el dinero la familia Edwards para incorporar nuevas tecnologías, nuevos mecanismos, más colores”, acentúa Marina Alvarado.